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COMO SE CREÓ HAPPY INSIDE (2015)

COMO SE CREÓ HAPPY INSIDE (2015)

Dos maletas, de 25 Kg cada una, viajan conmigo desde Madrid hasta Pushkar (India) Dos maletas que, entre las dos, pesan 3kilos menos que yo – imaginaos la comodidad del viaje 😉 Una llena de colores, gomas y sacapuntas. Otra llena de mochilas, estuches, acuarelas, tres pantalones, tres camisetas, una chaqueta, un pañuelo, un neceser, un ordenador y, como no, mi cámara

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Lo que voy a contar ahora forma parte de un día lleno de emociones que te cambian por dentro. “Happy inside” repetía Babu sin parar durante el camino de vuelta. Babu es el nuevo sastre que trabaja conmigo, un ser que se ha ganado mi respeto y, con creces, el nombre de “mi papa Indio”. El me cuida, está pendiente de mi, me invita a su casa a comer siempre con su familia, me ayuda a transportar en su coche las dos maletas enormes que traje desde España a 30 kms de distancia, lugar donde se encuentra la escuela más pobre que he visto en mi vida, y he viajado mucho.

Era la primera vez que, por fin, podía hacer una acción humanitaria sin depender de nadie, de ningún limite mental, temporal, material, económico…o como quiera llamárselo. Recolectar el material escolar y transportarlo por mi misma fue, sin duda, lo más complicado. Una estructura que me respaldase hubiera garantizado la profesionalidad y comodidad de la operación, pero veréis que las cosas que se hacen por uno mismo con el corazón, a pesar de las dificultades, son siempre exitosas.

No importa que una de las maletas se rompiera a mitad del viaje por el peso y quisiera tirarla con todas mis fuerzas por las escaleras mecánicas de los dos aeropuertos que visité hasta llegar a destino, no importa que yo misma me cuestionara mi propia cordura una y otra vez al ir sola a un país con todo ese arsenal de material escolar sin tener un destino claro, ni los transportes adecuados contratados a priori, ni una vía o escuela concreta organizada para repartirlo, no importa!!!! No importa que tuviera que pasar noche en la ciudad de Abu Dhabi, ni tampoco importaron los incontables trayectos del aeropuerto al hotel, a la estación de tren o del tren en Tuk Tuk al hotel (especie de moto que en lugar de andar vuela saltando cualquier señal de educación vial, vehículo o vaca)….Que bonita idea la de llevar a otro continente dos maletas igual de grandes que yo, verdad?

Maldecía mis ideas y a mi propia persona, veía a mi padre apareciendo en cada esquina diciéndome con las manos levantadas: Hija miaaaa, pero que necesidad tienes de arriesgarte así? He de decir que mi padre es un eterno sentimentalista y “cagueta” con las cosas que siempre hago pero también, en su defensa, diré que es por ese bonito amor contenido e “inexpresado” que me profesa (papi no llores eh!)

Todo formaba parte del cansancio y de una red de pensamientos negativos que duraron, tan solo, 32 horas de viaje. Conseguir llegar las tres (las dos maletas y yo) sanas y salvas y sin desistir hasta tierra India fue, sin lugar a dudas, una odisea. Pues si, las maletas pesaban una barbaridad.

Bueno, al grano, maletas ubicadas y una servidora feliz, descansada y de buen humor, cargué las maletas en el coche de Babu y le pedí que me buscará una escuela para repartir todo el material escolar que se encontraba en ellas: lápices de colores, sacapuntas, gomas de borrar, lápices, acuarelas, pinceles, barras de pegamento, tijeras, cuadernos para pintar, mochilas y estuches. Quería donarlo todo a una escuela, pero una escuela pobre, no una de esas que parecen pobres y luego pueden “ir tirando” por todas las subvenciones que reciben de Europa, EE.UU y turistas.

Quería una escuela pobre, pero de las de verdad. Y Babu la encontró, como no. No sólo me ayudo a encontrarla, sino que habló con el director y los profesores para organizar mi estancia y organizar el reparto del material (Bueno, lo de la organización, lo dejamos como palabra descriptiva que, digamos por motivos lingüísticos, pasaron por alto, pues tuve que organizar yo todo al llegar. India es así, te dicen una cosa y luego resulta ser la contraria)

El viaje a la escuela duró unos 45 min. Estaba a 30 Kms de Pushkar, lugar donde tengo mi base. Paramos en el camino a comprar caramelos, Babu los pagó, quería participar. Estaba contento, impaciente, nervioso, expectante, exactamente igual que yo. Nos disponíamos a viajar lentamente a una infancia, cada uno a la suya…..y él me sonreirá como un niño. Dulce momento, el nuestro. Dulce mañana, la que irían a tener todos esos niños. Estábamos impacientes, sobre todo yo, por soltar de una vez las maletas y poder continuar viajando sin la carga.

Eh!!! y por los niños también, de eso se trata.

Cuando llegamos a la puerta de la escuela, no parecía una escuela, era un terreno arenoso y desértico, con algún arbusto que otro, no había nada, un par de construcciones prácticamente en ruinas que rodeaban un árbol con unas florecitas rojas. No había nada más, ni bancos, ni juegos, ni patio donde sentarse, no había columpios, ni taburetes, ni murales pintados, no había pelotas, no había bates de beisbol, ni G.I. joes, ni pinipones o barbies sonriendo tirados por el suelo con media cabeza rota y sin brazos, no había puertas, ni techos, no había water, ni grifos. No había nada. Observaba todo desde el coche, queriendo confirmar que Babu había elegido la escuela que le había descrito. Miraba a través del cristal, sentía respeto, miedo, pena, incertidumbre. Me había costado muchísimo llegar hasta allí y sabia que, precisamente por eso, mi corazón iba a explotar de emoción cuando abriera la puerta del coche y pusiera un pie en esa tierra tan pobre y marginada. Mi mundo, mis recuerdos, mi infancia y mis esquemas se mezclarían en un lugar que lloraba en silencio la ausencia de un respaldo social lleno de carencias sanitarias, educativas, morales y humanas.

Y de repente….. Allí estaban ellos, salían de las ruinas como si de pájaros se trataran, venían corriendo y parecía que volaban, que volaban hacia un futuro mejor dejando atrás una triste cara para soltar el corazón de un solo golpe, ZAS!!!!

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No paraban de aparecer niños precipitándose hacia mi, venían volando a saludarme. Salían 10, 20, 50, 100, 200, salían niños por todos los rincones, parecían hormiguitas pequeñas que se iban multiplicando a la velocidad de la luz, corriendo, saltando, gritando….Cientos de ellos!!!!! No había ni una sola cara triste. Que dulce momento lleno de sonrisas, sonrisas que a ninguno de los niños les cabía en la cara

Me quise morir. Virginia no te pongas a llorar ya joder, aguanta!

Como no iba a llorar si venían todos a saludarme como si me llevaran meses esperando, años…como si estuvieran esperándome toda la vida! La profesora me explicó más tarde que nunca nadie había visitado a esos niños en la escuela. La energía que allí apareció no se experimenta todos los días, ni porque hagas un viaje de ensueño, ni porque te toque la lotería o tu novio te toque una teta por primera vez, ni porque tengas el mejor orgasmo del mundo, o te asciendan en tu trabajo soñado y te conviertas en Doña guapa, admirada y envidiada. Esto era mucho más, yo era la razón por la que cientos de personitas estaban sonriendo, era un sentimiento de unidad y de sentido profundo que necesitaría dos libros para explicar. Que pelotazo, una explosión de alegría se veía salir disparada de sus ojos, de sus bocas, y yo no sabía donde mirar porque de repente, tenia cientos de niños a mi alrededor, y yo (jajajaja) en medio.

Había de todo, niños, niñas, desde 3 a 13 años, algunos muy sucios y poco vestidos, otros llevaban uniforme, tímidos, nerviosos, exaltados, retraidos….me rodearon en menos de un segundo, gritando Namaste con todas sus fuerzas, con las manos levantadas para tocarme y yo me sentía como una pulguita que sobresalía entre todos ellos justo en medio de un circulo de vida llamado ILUSION DESORBITADA, la suya sin duda……pero la mía también.

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El director intervino, me separó, les obligo a volver a sus clases (por llamarlo de alguna forma a las salas de la escuela) y amablemente me dio la Bienvenida y me mostró orgulloso su escuela, un gesto que me enseñó mucho y me pareció, cuanto menos, irónico pero muy amoroso. Vamos, que tuve un momento reflexivo.

Por qué?

Porque se veía en su cara y en su forma de hablar que él amaba la escuela que tenia. Daba igual con que ojos yo la viera, si pensaba juzgarla o no.

Y es que eso es justamente lo que se aprende por estos países, no llevan máscaras, no actúan según lo políticamente correcto, no te hablan como si fueras idiota o diseñan o moldean levemente su discurso según crean que eres, piensas o vas a sentir, no les importan si juzgas según lo que ellos digan, ni tienen tantos prejuicios como nosotros en Europa, simplemente SON, con el corazón, hablan y se expresan según lo que sienten y no según lo que creen que la persona que les escucha va a sentir, daba igual lo que yo pensara sobre él o su escuela…ni un comentario de las necesidades tan grandes, de la falta de sillas, baños o demás carencias para promover que yo pudiera ayudar más, él sólo me enseñaba su bonita escuela, a través de sus propios ojos, con el corazón

Clase por clase fui presentándome y conociendo a todos y cada uno de esos niños, no contaba con que fueran tan especiales, no contaba con que fueran tan felices.

Namaste y un corazón fue lo único que se me ocurrió al contemplar el afán del profesor por compartir su profesión conmigo

Todos felices pero sin pupitres, sillas o alguna alfombra para sentarse

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Cuando terminó el recorrido sacamos las maletas del coche y empezamos a abrir las bolsas del Mercadona donde había guardado todo el material. Había 300 niños. Tenia que separar todo y hacer 300 paquetitos, todos iguales, claro: 14 colores, 1 goma, 1 sacapuntas, 1 lápiz y 2 caramelos por niño. Tardé más de 2 hora en completarlos, y al ver que iba a llevarme todo el día y los niños salían a las 2.00pm, los profesores empezaron a ayudarme. Todos colaboramos entre chai (té indio) y risas. Estábamos todos contentos.

Las dos maletas destrozadas del viaje.

Era imposible llevar la cuenta de cuantos montoncitos llevaba, a los 230…..me perdía. A empezar otra vez!

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Lo niños no podían esperar.

Todos alucinando

Parecía que habían llegado los Reyes Magos. Y como Rey maga el director me “obligó” a sentarme en una silla, presidiendo la gran cola interminable de 300 niños impacientes que esperaban su regalo. Nunca me habá sentido así, era una sensación bastante incomoda porque yo no era la protagonista y el director no me dejaba levantarme bajo ningún concepto, cuando estás bajo ese tipo de exaltación múltiple y algo descontrolada en terreno desconocido tampoco es cuestión de imponerse, no? Los protagonistas eran ellos, esos angelitos, entendí por primera vez como se debía sentir una celebrity 😉

Cada niño era diferente, los había asustados, distraídos, casi todos descalzos, con ropas sucias y rotas…

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Empecé queriendo fotografiar cada rostro, cada mirada pero no daba a hacerlo todo, entregar los paquetitos, darle los caramelos, hacerle la foto y registrar bien en mi retina cada niño, cada sonrisa, cada mirada, cada sensación…una coordinación imposible que me hizo recordar una cosa: hay momentos en la vida que “son”, sin más, y no hace falta fotografiarlos, etiquetarlos o perpetuarlos, porque son tan especiales que son mejor si se disfrutan al 100% con cada uno de nuestros sentidos, pues serás recordados por siempre pase lo que pase.

Eso hizo que soltara la cámara de inmediato para poder disfrutar e impregnarme de la emoción que cada uno de ellos me estaba regalando
Acariciando la carita a los nenes. Todos me decían Thank you”El director, con cara de pena o pocos amigos. Tenia un problema de movilidad en la cara.

 

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God bless you Virginia, you are an angel (que dios te bendiga Virginia, eres un ángel )- me repetía el director una y otra vez desde atrás, pues se sentó justo detrás de mi , en la única mesa de profesor que tenían, para controlar a los niños y ser testigo de lo que allí estaba ocurriendo.

A mi alrededor todo un séquito de profes, hombres y mujeres del pueblecito, haciendo fotos, organizando, ayudando. Uno me pasaba los paquetitos, otro me ponía los caramelos en la falda para repartirlos al mismo tiempo que los lápices, otro me daba el té y me pedía que descansara unos segundos, eran muchos niñosssssssss. A medida que iban pasando, la profesora hacia un inciso y me avisaba de aquel alumno que era inteligente, de aquel que era más pobre o aquel que había sufrido la perdida de su papi o su mami recientemente.

Los más pequeñines no entendían nada

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Hubo una niña en especial que me rompió el corazón. Su mama había muerto hace tan solo tres días. La profesora, tras entregarle el paquetito, la paró y me dijo, ella merece algo especial. Mi ayudante Babu escogió la mochila más grande y después de entregársela, bajo a besarme los pies. Dios mío!!!…. que sensación tan horrible, intenté levantarla. Se agachó a besar el suelo donde estaban mis pies y al mismo tiempo que se levantaba y me clavaba su mirada, empezó a cantar un mantra en sánscrito precioso con un voz angelical que hizo que, inevitablemente, “flipara en colores”, que en ese estado es lo mismo que romper a llorar como una enana, POR FIN!! porque me estaba aguantando….

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Estaba literalmente absorta en un solo pensamiento. No entendía como esa niñita, que no debía tener más de 10 años, podía cantar así después de haber perdido a su madre tan sólo hace tres días. De pie, permanecía inmóvil a mi lado, con los ojos cerrados y los brazos rígidos pegados a sus caderas, hiper concentrada, cantaba y cantaba. Y me estaba cantando a mi!!!!!!! mientras todos los demás, que debíamos ser como 350 personas, escuchábamos respetuosamente en silencio.

El cielo se abrió para regalarme la voz de un ángel en forma de agradecimiento y yo no daba crédito, pensando en la suerte que tenía de estar allí tan “presente”, en un intercambio tan puro, después de todo el esfuerzo.

Terminó la fila y cada uno de los adultos que estaban presentes me empezó a abrazar y a agradecerme que hubiera llegado hasta allí. Nos hicimos una foto con todos los niños, con los lápices alzados, cantaban, reían, me abrazaban: jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja

Otra vez, vaya pelotazo!!

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Les prometí que el año que viene volvería. Y s verdad que no sé que puede pasar en un año pero me gustaría volver con algo más, unas sillitas, para que se puedan sentar no? Aunque sea unos taburetes de corcho. Encontraré algún colegio, alguna asociación que me ayude para poder hacerlo, al menos, de manera más estructurada. Pues es lo mínimo que cualquier niño merece.

Llegó el momento de la despedida, entré al coche tan satisfecha…..el coche arrancó y los niños corrían detrás de él alzando las manos, como si yo fuera una princesa, alguna virgen María o una mama que se marchaba para siempre.

 

Yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Me esforzaba en abrir bien los ojos, recordar cada cara, cada gesto, cada mirada de felicidad. Y entré poco a poco en esa bruma de arena que levanta un vehículo en un camino arenoso. Así fueron desapareciendo cada uno de esos niños especiales. Y yo volví a ser una niña como ellos. Bueno, para ser sinceros más que una niña era un manojo de sentimientos atónitos enfundados en un silencio sepulcral, estuve unos 5 o 10 minutos sin decir nada, pensando…y Babu, sabiéndolo, me repetía, HAPPY INSIDE….tocándose el pecho. Yo no llegaba a emitir una palabra……y mi papa Indio me seguía repitiendo esa frase que se me ha quedado grabada en el corazón. Babu me miraba como un padre que se siente orgulloso de una hija, y tuvimos un momento muy bonito.

Agradecida, pensaba en mi interior: Estos niños me han hecho hoy un gran regalo, me han hecho sentir como un autentico ángel.

”Happy Inside” – me repetía Babu una y otra vez

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